Queríamos volver a ese encuentro como un paseo de domingo. Ese domingo después de vernos, nos encontramos desnudos los dos, acostados frente a un espejo que develó, intruso, tal vez inesperada, nuestras almas. No importaron los muebles del cuarto. Tampoco si la tele no encendía. Tenía los senos tímidos mirándote y tus manos arriba, grandes, como esferas que rozaban tu boca en mi ombligo. Después vos más abajo abrazando. Exquisito. Deteníamos el tiempo en ciertos impulsos de vaivén, con las piernas abiertas, las mías, conducidas a entrarnos y tocarnos los huecos transpirados de piel. Entonces bajamos la luz de las pestañas para reconocer las formas próximas a la nariz. Las deslizaste en todo el rostro, las orejas, el cuello. Mis dedos te señalaron un lunar y el pulgar buscó erecto un silencio. Apenas habíamos caminado una tarde de viento, puntuales, como si un segundo nos sacara una foto. Espontánea. Tal vez, la primera de todas esas citas pasadas y sin registro.
11.10.07
6.10.07
Breve
Miramos
una película
de amor
nos emocionamos
con ese ratito
alquilado
en el espejo
boca arriba
tu ombligo
tiene pelos
es un flash
y me saco
la ropa
para que no se arrugue
el tiempo
porque sí
las sonrisas
son espectaculares
una película
de amor
nos emocionamos
con ese ratito
alquilado
en el espejo
boca arriba
tu ombligo
tiene pelos
es un flash
y me saco
la ropa
para que no se arrugue
el tiempo
porque sí
las sonrisas
son espectaculares
4.10.07
Perfume
La puerta abierta. Una silla, una soga, el minuto que pensó saltar por levantar las piernas que hacen que esté descalza, por pararse en la orilla D. Una carta, voces que escuchaba desde ayer imaginando qué vendrá después del hoy y mañana. Mientras desplegaba la sábana resonó su vacío. Pastillas. El vaso de whisky con el rouge del sexo de su ropa interior llena de dedos. Con olor a tiempo y jazmines. Una mochila rosa llena de tatuajes. El carnet del club con faltas. La entrada a una matiné en un uniforme de escuela sobre el piso. Las uñas rojas masticadas desparejas. A su lado una libreta con pocos nombres y muchos corazoncitos iniciales. La luz por una ventana del cuarto haciendo hueco y rubor. Y sin embargo el agua espuma lejos de la tela del techo, sumergiendo su cuerpo perfumado con burbujas tibias ahora enfriándose. Intentando nadar lo que no pudo en sus diecisiete. Al lado el teléfono con una llamada. Perdida en sus senos y una cadenita que la embellecía entre el pelo desteñido y los hombros pálidos. Los ojos con goteras. Ella como queriendo alzar la mano, ahora caída en sus piernas de huesos, de un resto de amor que tal vez había tenido hace horas. De un azulejo roto manchado de jabón o un poco de ceniza de cigarro fumado, mal olido coronando su espacio. Quién sabe cuánto habrá estado despierta. Hay unas voces que aún se escuchan: ¿Natalia? quizás. Pero ella se ha sumido lento a lento por el caudal de El Nilo turbio de la habitación delivery. Tal vez, ella más allá de las nubes pomposas de la tormenta se imaginaba.
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